Cómo afrontar la soledad: una pandemia sufrida en silencio

Se suele decir que estar solos aporta múltiples beneficios, entre los cuales cabe destacar la independencia que se puede adquirir con ello, el buen y tan necesario desapego; nos enseña a fluir por la vida y vamos adquiriendo tablas para una fuerte y deseada autoestima. No obstante, si te preguntas cómo afrontar la soledad es posible que esta idea te chirríe. Por experiencia sabemos que el camino de aprendizaje hacia la soledad bien llevada resulta tan interesante como tortuoso.

El sentimiento de soledad es lo que es 

Una putada.

No sé si el desapego forma parte de tu vida, pero estoy segura de que si sientes el profundo golpe de esta realidad en tu pecho, sabes que no te esperan días agradables, pues el sentimiento de soledad no se lleva precisamente bien. Duele aunque no seas single y tengas planes para aburrir. Sabes que resulta como tu eco ensordecedor gritando «¿hola?» sin que nadie te conteste. 

Existe una frecuente evasión de la angustia que provoca sentirse así a través de diferentes estrategias (no siempre satisfactorias) de la era digital, lo intangible e inmediato: usar con reticencias diferentes app de citas, apuntarse a planes que poco apetecen hacer o quedar con aquellos que hace tiempo dejaron de ser interesantes, por poner algunos ejemplos.

Afrontar una sensación de vacío en la que nada ni nadie resulta confortable, junto a los cantos de sirena que nos dicen que cuanto más mejor: más cantidad de «amigos», más cantidad de seguidores, de me gustas, objetos que no necesitamos y experiencias enlatadas, acaba resultando asfixiante.

Parece que asociamos el sentimiento de soledad a lo marginal, al rechazo. Sentirse así no es lo que se espera de alguien deseable, de este modo, un recurso para salir del paso a menudo es aparentar plenitud. Esta apaciguará el miedo de evidenciar una realidad que se siente humillante, incluso cuando el perfil de Instagram está a rebosar de seguidores.

No eres diferente por sentir soledad

¿Sabes qué? lo que te pasa no es nada raro. 

Puede que pienses que no encajas en ningún sitio, que todo tienes que forzarlo, que la vida ha sido dura contigo (no lo niego) y el mundo es un lugar hostil no apto para personas especiales y sensibles como tú.   

Te voy a decir una verdad incómoda:

No eres tan especial.

Ni yo tampoco. Nadie lo es.

Verás, la realidad es que todos nos vamos a preguntar cómo afrontar la soledad en un momento dado por un sencillo motivo: ahora más que nunca es difícil sentir vinculación a base de hacer scroll en las redes, a través de relaciones efímeras, con fecha de caducidad, viviendo frenéticamente, para lo aparente y en una selva tremendamente competitiva.

En realidad la soledad es pues, independientemente de estar a solas o en compañía, la percepción subjetiva de una carencia de conexión con los demás. Los vínculos son necesarios como el aire que respiramos, nos nutren y dan sentido a nuestra existencia. Suena muy trascendental, y en realidad lo es porque la cosa viene de lejos.

Una alarma te está alertando de algo importante

Saber afrontar la soledad sin entender sus orígenes es toda una faena. La realidad es que esa sensación de angustia no es más que una potente alarma interna que nos alerta de un posible peligro que atenta contra nuestra existencia. El cerebro se empeña en recordarnos que no debemos estar solos y eso está mal. En realidad tiene sentido, como casi todo en lo que concierne a la naturaleza humana.  

La soledad, hace miles de años, habría implicado un peligro de muerte con total seguridad. Separarte de los tuyos, de tu grupo, podría resultar altamente peligroso para ti ya que nadie te protegería y por lo tanto, te sería más difícil sobrevivir en un mundo hostil de verdad; serías alimento para depredadores mucho más fuertes y rápidos que tú, podrías despeñarte por cualquier barranco o morir de hambre y frío. Por eso los humanos hemos desarrollado la capacidad de vincularnos con los demás, así nuestra sabia naturaleza se asegura que no nos quedaremos desamparados. That’s life!

Como ves, no es de extrañar que exista un vestigio evolutivo como el sentimiento de desasosiego o ansiedad cuando no hay una vinculación profunda con nadie y nuestras relaciones no nos acaban de llenar; son demasiado superficiales y eso es incompatible con tener una tribu estable y unida. 

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Por lo tanto, inevitablemente este sentimiento se siente feo y desagradable, pero no es malo ni extraño. Tus sensaciones provienen de un instinto que ha sido muy útil en nuestra evolución. Simplemente te está tratando de proteger de una posible amenaza. Amenaza que a día de hoy no supone un riesgo, por lo menos inminente, pero es incómodo.

Cómo afrontar el sentimiento de soledad

Tras lo dicho, te diré que no está todo perdido. Pienso que no es necesario que nos ocurra nada trascendental como irnos al Nepal o hacer viajes interiores gastando cantidades ingentes de dinero para encajar el sentimiento de soledad. No hace falta parecerse a Buda. Si eres de la inmensa mayoría que su vida transcurre de forma más bien monótona y sin emociones demasiado fuertes, estás en el sitio correcto.

Vamos a hacer una mirada práctica al asunto:

PASO 1: Observación

Observa lo que sientes y júzgalo como merece. Deja de prestar atención a las aterradoras voces de tu entorno que te dicen que eres loser por estar como estás. Hay que mirar de frente a la soledad y empezar a desgranarla poco a poco para comprenderla y entender que en realidad, esta experiencia existe por razones que van más allá de lo aparente.

Advertencia: las pausas pueden dar miedo. Generalmente la primera estrategia a seguir para afrontar la soledad es huir peregrinando de un lado a otro, buscando no se sabe exactamente qué, esperando que algo o alguien llene un vacío a lo loco, sin pensar que no se va a llenar de un día para otro y a la desesperada, de cualquier manera. 

Cuando pausas tu vida y permites que la tristeza fluya, te permite atravesar una crisis que inevitablemente te llevará a otra etapa, una vez percibas y asumas tus necesidades esenciales (podemos llamarlo conectar con uno mismo o una misma).

Tenemos algo que ver en lo que nos pasa

Y no mola nada.

Piensa por un momento si alguien de tu alrededor te ha comunicado que se siente así y pregúntate qué le ha llevado a esa situación. Puede que lo veas claro: 

  • «No sale de su rutina» 
  • «Nunca le apetece hacer nada» 
  • «Ya no es como sus amigos de toda la vida» 
  • «Desde que se casó ya no se le ve el pelo» 
  • «Se ha mudado a otra ciudad y no conoce a nadie» 
  • «No tiene hobbies»
  • «Nadie lo aguanta»
  • «Tiene adicción al trabajo»
  • «Solo habla de si mismo»

¿Crees que algo de lo que he dicho se puede aplicar a tu caso en particular? 

No pretendo desanimarte u ofenderte, entiendo que puede picar un poco. Simplemente trato de mostrarte una parte de la realidad la cual puede que tengas algo de responsabilidad, ya que eso son buenas noticias: si tienes algo que ver en tu soledad, significa que puedes remediarla. 

Las transiciones son inevitables

Por otra parte, la vida son ciclos y etapas que nos hacen evolucionar y tenemos que adaptarnos inevitablemente. Ha cambiado eso que no depende tanto de ti, sino de cómo fluimos en estos tiempos. Ya no convivimos en grandes familias, no conocemos a nuestro vecindario, nos marchamos de los pueblos, los cuales todo el mundo se conoce y para colmo, nos cohibimos en las grandes ciudades; prueba a saludar a gente por la calle a ver qué ocurre. Es probable que el resultado sea un ceño fruncido de vuelta a tu saludo. Por otro lado, las crisis vitales que parecen llegar a los treinta y se van repitiendo cada diez años con consecuencias como ir dejando «cadáveres» por el camino, sintiendo que ya no encajamos en los planes que antes nos apetecían, causan mucha desorientación. 

Toca tener honestidad e intentar darse respuesta a preguntas difíciles, como al motivo por el cual hay personas que se han alejado o nos hemos alejado y por qué ya no nos llenan algunas situaciones. 

PASO 2: Aceptación

No tienes la obligación de forzar que te guste estar así, sintiendo todo el tiempo que tienes que afrontar la soledad como sea. La aceptación no va de forzar nada ni de resignarse. Por supuesto, puedes y debes hacer algo para remediar una situación que no quieres seguir viviendo, pero no podrás accionar los botones del cambio si te atascas en tu lamentación.

Para mí, aceptar es algo así como tener conciencia de la situación y acogerla con humildad y amabilidad, confiando en tu propósito de poder hacer algo por cambiar las cosas aunque ahora no sepas cómo hacerlo o no dependa de tu total y absoluto control. 

Cultiva la esperanza, es tu mejor aliada de aceptación de la realidad

La esperanza es una arma de doble filo. Si la depositamos hacia el exterior puede que nos salga mal; si la depositamos hacia el interior (lo que hacemos) la cosa cambia. 

Puedes aceptar este momento proyectándote en dos supuestos hipotéticos para tratar de verte en un contexto más esperanzador que te ayude a aceptar tu vivencia:

A) El milagro

Imagínate que sucede un milagro y ya no necesitas afrontar la soledad, tu vida ha hecho un giro de 180 grados:

  • ¿Qué harás en tu día desde que te levantes hasta que te vayas a dormir?
  • ¿Con quiénes te relacionarás? ¿Cómo serán? ¿Qué emociones te generarán? 
  • ¿Cómo te comportarás con ellos?

Intenta ser lo más detallista posible. No seas breve, extiéndete todo lo que puedas. Deja volar tu imaginación, idealmente plasmando tus ideas sobre papel. Todavía va a ser mejor si lo haces como si le escribieras una carta a alguien contándole tu día.

Si escuchas a tu ego, el que quiere vivir en el Mundo de la Piruleta de Instagram, puede que te imagines en un lugar ideal, haciendo algo ideal y con gente ideal. No hablo de postureo, hablo de valores. De aquello que de verdad de la buena te hace fluir con la vida. No tiene que ser pefecto, simplemente te da buen rollo, te gusta la idea. Te parece suficiente para no vivir con amargura. Si no sabes a qué me refiero, en el capítulo 5 «Sigue la brújula que jamás te fallará» de mi ebook «¿Tu relación ya no es la misma? 5 claves que debes saber si no sabes qué hacer» te lo cuento con detalle.

Ahora piensa:

  • ¿Cómo he conseguido estar en esa situación?
  • ¿Cómo he conocido a esas personas?

Exacto: se trata de pensar al revés. Tratamos de fantasear con algo que nos emociona y rebobinamos en nuestra imaginación hasta trazar una hoja de ruta para conseguir acercarnos al punto de partida. 

B) La condena

Ahora vamos a suponer un panorama menos alentador. Imagínate que estás pagando una especie de karma: la condena es vivir una vida sin amigos, sin familia y sin pareja que te ayuden a no sentir soledad. Pregúntate lo siguiente:

  • ¿Cómo me las apañaré?
  • ¿Qué haré para que mis días sean menos grises?
  • ¿Qué haré para mantener la cordura?
  • ¿Podré encontrar satisfacción en otras áreas de mi vida?

Tocará apañárselas y afrontar la soledad como sea: creatividad al poder. Buscar la forma de salir adelante, tal vez bebiendo de otras fuentes gratificantes: apuntarse a una ONG, aprender algo nuevo, cuidar de otros seres, humanos o no (apuesto por cachorros; perros o gatos, son adorables). 

¿Te das cuenta de que podrías encontrar plenitud a pesar de pagar una condena sin tribu? De hecho, creo que sería muy probable sentir conexión en alguno de esos entornos, en especial si te empujan a lo vivencial: lugares físicos.

Por fortuna, vivimos en un mundo con infinitas opciones, no hace falta hacerse un Wilson para sobrevivir.

PASO 3: Acción

Si has hecho los ejercicios anteriores, probablemente habrás sacado ideas para afrontar la soledad.

Supongo que habrá algunas que no te satisfagan del todo, que te parecen mediocres. Por ejemplo, sentir que estás forzando encuentros sociales que no te ilusionan demasiado o probar cosas que a priori, no te hacen mucho tilín.

Conformarte no parece la opción más gratificante, no obstante, puedes tratar de explorar tu entorno aunque no surjan de inmediato opciones vibrantes. Las mejores vivencias suelen aparecer mientras estamos en movimiento y con el foco puesto hacia una dirección tomada por decisiones que tienen que ver con valores o lo que es lo mismo: lo que nos importa, aunque no veamos resultados de inmediato. 

Actuar en base a decisiones no siempre es fácil, pero es bueno para ti

Podemos imaginar que la mente es como una cajonera donde guardamos diferentes tipos de respuesta ante acontecimientos que nos suceden. Vamos a verlo:

En el primer cajón guardamos respuestas instintivas «esto me gusta, esto no me gusta, esto me apetece, esto no me apetece»; en el segundo cajón guardamos respuestas propias de nuestro entorno «tienes que»; finalmente, en el tercer cajón encontramos una respuesta poderosa «yo decido», sin embargo, está vacío, hay que elegir contenido de los otros cajones y llenarlo. Decidir qué metemos es arriesgado, nos genera dudas. Los otros dos cajones se abren por inercia, pues llevamos haciéndolo toda la vida, pero imagínate elegir algunos «tengo que, me gusta, no me gusta, me da miedo» y meterlos al cajón de «yo decido»; las respuestas serán fruto de una decisión consciente independientemente de los miedos, prejuicios, perezas y otros saboteadores. ¿No te parece liberador?

Así es como tu yo que toma acción podría afontar la soledad

Supongamos que sientes que no tienes demasiadas personas con las que vincularte en profundidad. Te han hablado de Meetup o Bumble para conocer gente, pero no te acaban de convencer.

Imaginemos que te gusta el yoga (la salud es un valor importante para ti). Te registras en estas plataformas y te da la sensación que la cosa no está para tirar cohetes, pero lo intentas. Acudes a un encuentro y no conoces a nadie. Vuelves a ir y tampoco. La mayoría de personas tirarán la toalla reafirmando que es una pérdida de tiempo, pero tú persistes, incluso decides que vas a acudir indefinidamente porque a fin de cuentas, haces lo que te gusta (practicar yoga). Llega el gran día: oh, ¡sorpresa!, parece que alguien te habla. Eh, parece una persona maja, ¿no? Serendipia te ha sorprendido (un tópico, pero cuánta razón).

Este puede ser el principio de una relación interesante… o no. En cualquier caso, estás comprando papeletas, es cuestión de estadística.

¿Qué podemos observar en el ejemplo anterior?

Pues que has hecho algo proveniente de una recomendación (cajón social-racional) «hay que salir más» que no te apetece (cajón personal-emocional) «qué pereza conocer gente nueva» pero lo has decidido priorizando lo que te importa (cajón valores-racional+emocional) «vale, voy a salir más aunque no me apetezca porque me importa la salud, me importa ser más sociable, me importa vivir nuevas experiencias y por supuesto, conectar con alguien» y es una decisión independiente de lo que conlleve: a veces días malos, a veces días buenos y a veces días mediocres.

A propósito, si no sabes cómo afrontar tu soledad y crees que conocer gente nueva te puede ser útil (yo también lo creo) pero no sabes por dónde empezar, te recomiendo este maravilloso artículo: «¿Cómo Conocer Gente Nueva? Los Mejores Sitios, Webs y Consejos» de Pau, el creador del sitio web Habilidad Social. 

Lo que estás buscando requiere su tiempo y un poco de tu energía

Si te cuestionas cómo afrontar la soledad, este es un paso que no te puedes saltar: paciencia y persistencia.

No es ningún secreto. La realidad es que las relaciones de calidad cuestan. Cuestan porque hay que esforzarse, porque se tienen que cultivar como una plantita y justamente es el empeño que en este mundo estamos dejando de poner. Mientras sigamos priorizando otras cosas, viviendo con prisas y anteponiendo cómodas conversaciones por WhatsApp a mover el culete hasta el bar de la esquina, cada vez la soledad se sentirá más patente (no es necesario que vayas al bar, ya me entiendes; hacer cosas fuera de las pantallas).

Puede que pienses que sueno incoherente, pues mi consulta es online. Como buena millennial, la tecnología forma parte de mi vida. Admito todos los beneficios que me ha supuesto: he encontrado pareja, he conocido a mis mejores amigos, he estudiado una carrera y ahora es mi medio para ganarme la vida. No obstante, no podemos obviar que el uso de las pantallas facilita las relaciones fugaces.

Por otra parte, si estás pensando que tu problema es que no tienes hobbies y vives como ratón en una rueda… sentir que te estás marchitando es el síntoma que te lleva a una urgencia mayor: tal vez es hora de bajarte de esa la rueda y empezar a implicarte en cualquier cosa, lo que sea. ¡Prueba!   

Independencia y desapego vs. vinculación y compañía

Empecemos a aceptar la necesidad de vinculación con los demás. Para empezar a ser independientes y desapegados, hay que aceptar que somos vulnerables y necesitaremos sentirnos conectados. Recuerda que depender de los demás es un rasgo evolutivo que nos ha ayudado a la supervivencia. No está nada mal. 

Existe otro rasgo que nos distingue de otros seres: la racionalidad, algo que nos puede amargar la existencia. Sin duda, sabemos que en el fondo nacemos y morimos solos, es un hecho, pero podemos darnos cuenta de nuestra bendición: tenemos el poder de cambiar el rumbo de nuestra vida si sabemos cómo hacerlo, salir de la zona de confort y saludar al mundo.

Fuera de la polis podemos ser bestias o dioses, por lo tanto, en sociedad solo podemos ser humanos y como tal, seres sociales. 

Aristóteles

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